jueves, 20 de octubre de 2011

Sudestada

Cigarrillos pasados por agua y cielos grises, corazones despechados. La piel impermeable cubierta de marcas que la lluvia nunca supo borrar, y labios que se aniegan en reclamos. Me ahogo en la envidia de un sexo ausente, fumando mis deseos hasta la colilla.
El cabello húmedo roza mi mejilla y las lágrimas se confunden con gotas. Nunca conocí a nadie que me deseara tanto, que me quisiera tan poco.
Corro y me consumo entre saltos y charcos, entre autos y semáforos. Ya no me resguardo de lo que me atormenta, sucumbo ante el olvido, y ansío disiparme en la infinidad de estas cuadras. Y sin embargo, regreso al mismo lugar.
Me despojo de la ropa ya hecha agua, deseando así desprenderme de algún pasado, transformando tu aroma en humo, tus besos en cenizas.
L.S

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