Las rosas duermen eternas sobre el balcón de tus recuerdos. El viento las ha apagado entre ocasos y amaneceres, y sus pétalos reposan cansados sobre la tierra.
Se deshojan en suspiros, gemidos de cansancio.
El gato llama a la aurora, pendiente sobre la ventana.
Hago silencio mientras camino a tientas por la cocina. Sólo huelo la ausencia asaltándome. Pronto todo sería vacío y lágrimas... y algunos recuerdos de cotillón.
¿Por qué no siente el perfume de tus flores?
Una brisa me invitó a recordar, y mis ojos se humedecieron.
Abracé tu cabeza peluda, mientras tus ojos se extinguían entre mis manos. Decían que estabas relajado.
Tu respiración se volvió cada vez más lejana, hasta ser tan solo un recuerdo, o una ilusión. Escuché tu último suspiro.
El ruido de las garras deshilachando la alfombra me despierta, acostada sobre tu guarida. Siento las patas del gato hurgando sobre la oscuridad desierta, refregándose en la soledad, buscando en la tierra tus raíces. Y bajo sus patas yacen secas.
Entre maullidos, oscurece. Y aún me intento responder, ¿por qué te hemos hecho esto?
LSF